MalaYO*

En el sudeste asiático se tropieza el mestizaje de culturas lejanas e inentendibles, tal vez, para occidente. Allí, en los márgenes del planisferio, donde se mezclan indios, chinos y malayos, donde el territorio se cubre de verde por su selva y donde el sol es tan ferviente como las religiones que profesa su gente, se encuentra, entre arrozales, Kamarudin Mohammed, musulmán de raza.
A éste malayo de setenta y dos años, productor de caucho, le gusta alejarse del ruido urbano de la civilización y de los rascacielos de Kuala Lumpur, capital de Malasia, donde vive desde su niñez. Por esto, es que los días no laborables, marcha a relajarse hacia Kelang, un poblado que vive de la producción de bananas y mandiocas. En éste, posee una estancia, llamada Alá Huejad (Dios es uno) que utiliza como retiro espiritual, donde se sumerge en la tranquilidad y la reflexión de su puro, limpio y suave aire.
En una ventosa y oscura noche, en Alá Huejad, el pintoresco galán comenzó, junto a su compañera, a ordenar las fotos de su larga, laboriosa y enamoradiza vida. Tras mil álbumes de fotos, cajas polvorientas y amarillentas cartas, se remontó cincuenta años atrás, cuando, durante la Segunda Guerra Mundial, los japoneses habían invadido el pequeño y disperso territorio oriental expulsando a los ingleses. Se figuró, pues, una imagen difusa de aquel primer matrimonio con Khadijah Udin, en el que apostó su corazón, donde parecía que todo resultaría maravilloso y del cual, fruto del amor, nació una hija. Pero, que a pesar de estos anhelados y pasionales presagios de prosperidad, todo se desbarrancó y terminó en doce meses. Concluyendo en un escándalo para la señora de Mohammed quien habría descubierto la múltiple vida del adinerado “picaflor”. Tras ese fracaso, el aquel entonces joven malayo, decidió alejarse de la ciudad donde tanto había sufrido por amor, hacia Penang, otra ciudad importante del país peninsular, resignando así, la relación con su niña.
En ese paraíso terrenal y bienaventurado sitio, trató de recomenzar su vida, lejos de la dolencia y el desconsuelo, recordó Kamarudin. Tras varios intentos fallidos y fugaces matrimonios, rehizo nuevamente su vida amorosa, convirtiendo a Aludba en su trigésima mujer. Pero este, nuevamente, al igual que los veinte siguientes se desmoronaron rotundamente, por ese incontenible y desbordado amor por las mujeres bellas y la vida de Don Juan. Pero como toda regla, decía el anciano oriundo de Kuala Lumpur, tiene una excepción.
Esa misma, fue su matrimonio número cincuenta y uno, cual concluyó por la penosa y trágica muerte de Abelia Mustafá en un accidente automovilístico. Tras estos colosales y grotescos traspiés, el ahora, lamentablemente viudo, cayó en un pozo depresivo, por lo cual se internó en una clínica de la ciudad que lo vio crecer. Allí, desolado y abandonado por sus cincuenta ex-mujeres, que desconocían su paradero, al igual, que sus ocho hijos, se sumergió aún más en su angustia, desazón y tormento. Al borde de la muerte, conoció a Rohana, una enfermera de la clínica donde se encontraba agonizando de pena. Con ella entabló, memoriza Kamarudin desde su estancia, a la luz de las llamas, una relación de camaradería y amistad. Sin embargo, él, al igual que la joven profesional, que lo cuidaba durante esas largas, calurosas y polvorientas tardes, no sabía quién era el otro. Después de profundas charlas, el Don Juan asiático develó la identidad de la muchacha. Paulatinamente comenzó a recomponerse y a salir de la clínica donde se encontraba. En ciertas ocasiones, acompañaba a Rohana hasta la esquina de su casa, al concluir su turno en la institución sanitaria. Tras disipar todas sus dudas, acerca de la identidad de la empleada que lo atendía, comenzó frenética pero sigilosamente a perseguirla. Veía, así, de cerca a quien lo había rescatado y devuelto a la vida.
Al percatarse de esto, Rohana, dio aviso a las autoridades policiales para que tomaran cartas sobre el asunto. Esto determinó el comienzo de una investigación a cargo del Comisario Abdul Rahiim, quien descubrió, que la relación que poseían los implicados en el hecho era más cercana de lo imaginado por ellos. Este aparente psicópata y la denunciante eran nada menos que padre e hija. Así fue, pues, como Kamarudin y Khadijah, madre de la muchacha, se reencontraron después de tantos años y heridas.
Su primera esposa, de setenta y cuatro años, entre carcajadas y recuerdos, mientras se extinguía la oscura noche, le confesó a su anterior pero amado marido, que nunca lo había olvidado y que al ver el cambio que había a travesado, quería volver el tiempo atrás.
Tras cincuenta años, en una estancia alejada de la gran cuidad, Kamarudin Mohammed, se encontraba acomodando fotos y recuerdos junto a su nueva y antigua esposa.

*Desafío para describir Malasia a través de una historia de amor.

Explore posts in the same categories: General, Literato

2 Comments on “MalaYO*”

  1. Julito Says:

    Es interesante como se lleva adelante la idea de un cuento breve, loca, pero que tiene ese “touch” de cultura que denota que no fue escrita al azar, sino pensada, como una linda historia. Felicitaciones!

  2. Roberto Says:

    Mucha creatividad en tan solo unas pocas lineas. Llama la atención el carácter descriptivo de quien lo escribe, muy buen trabajo!


Comment: